sábado, 12 de noviembre de 2016

"dueños de un desierto que avanza" -un poema de Tamara Kamenszain


Adónde van?
Me voy con ellos desciendo de mis hijos
hasta donde quieran llegar astros rodantes
si a la hora del nacimiento calcularon ascendiente...
no lo abandonen más.
Desde el Mar Negro hasta el Estrecho
se naturalizan conmigo de mí vienen
chicos de apellido descompuesto
viajando para ser argentinos
inmigrantes por vomitar en cubierta
dados vuelta nos vuelven a nosotros
como vinilo rayado de beatles
de Rusia para acá
y de aquí a la URSS que fue
dueños de un desierto que avanza
bisabuelos de la nada.


jueves, 22 de septiembre de 2016

«La memoria de los lobos» - Arturo Borra

 
 
-I-

Un trineo no alcanza; tampoco la manta que protege de la escarcha, la grasa con que nos untarnos el cuerpo gélido, la linterna que orienta en plena noche. Sobrevivir es el arte del desplazamiento –sobre todo si no se vive, si la verdadera vida brilla en su ausencia, si el sueño hiere y la oscuridad se hace demasiado vasta para recorrerla.

Lo Real es el frío rabioso: el entumecimiento de las manos, la piel pálida, la asfixia ante un tiempo extremo; lo que congela el corazón o hace desfallecer de soledad. Lo Real es una superficie blanca, extensísima, que hay que surcar si se quiere alguna vez alcanzar otra parte: un cobijo mínimo para la intemperie.

-II-

Un trineo no es nada si no se desplaza. Necesita engancharse: formar cuerpo: ser impulsado, sin violencia, al movimiento.

Lo decisivo es lo que falta -fuera de campo: lo que aparece como desaparecido. Atravesar la superficie gélida de lo Real necesita que esa pequeña máquina sea enganchada a una fuerza que lo arrastre. Sin fuerza un trineo no alcanza. Revela su carencia: ser instrumento inerte, objeto abandonado en la memoria, a la orilla del silencio.

-III-

Si se quiere atravesar la intemperie blanca es preciso lo animal. Sin un animal de tiro todo falta, como falta sin ese animal humano que añora ir a otra parte para sobrevivir a la ausencia de una verdadera vida, a un sueño que hiere, a la noche persistente que empalidece los cuerpos.

Hace falta lo animal -no cualquier animal: no todos podrían sobrevivir a esa superficie blanca que quema los ojos y entumece las manos.

Si hay algo antes que nada, es un husky siberiano que atraviesa la estepa resistiendo la extremidad del tiempo. Si hay alguien antes que nadie, es ese animal que atraviesa la intemperie que congela el corazón mientras imagina un refugio.

 

-IV-

Alcanzar otra parte no es irse a ninguna sino atravesar lo Real del frío.

No cualquier lugar: aquel donde el abrigo invisible de los otros permite resistir a la estepa del corazón. 

Responder al llamado arroja a la superficie donde desfallecemos: abre surco para llegar a los otros. El llamado del lenguaje es ese arrojo en nombre de Otro.         

No cualquier otro; no cualquier parte: los que hacen manada desde lo singular de cada uno, los que aúllan o llaman para llegar al lugar donde guarecerse de la carencia de lugar, de la ausencia de memoria, de la rasgadura de los abrigos.

-V-

En todo husky sobrevive su cercanía con el lobo, no por ser espécimen: por el llamado salvaje que sigue latiendo dentro, el deseo de internarse cada vez más hondo en lo desconocido –esa superficie blanca que lleva donde están los otros.

Un husky podría vivir sin tiro. No podría sobrevivir al aislamiento: moriría o enfermaría de soledad. La resistencia corporal al frío está enlazada al abrigo invisible de los otros. Por eso un husky no ladra: aúlla.

El aullido es llamado a distancia. Sin ese llamado, no hay promesa; sin promesa, no queda más que intemperie, el desamparo de lo Real -su desfallecimiento.

El aullido es la promesa que permite sobrevivir al tiempo extremo: lo que comunica con la manada. La invocación de la memoria de los lobos es esa referencia remota, mítica, a lo que sobrevive, indomesticable, en un animal. 

-VI-

En todo humano hay un husky. Siente el llamado de su corazón salvaje, el deseo de perderse en los otros, buscar un abrigo. Resiste porque ama. Su aullido es su lenguaje. Hablay en ese acto desafía el desamparo. Incluso si no dice nada llama. Incluso si miente, anuncia la promesa de verdad.

El lenguaje es la posibilidad de la promesa. Lo que abre la singularidad del llamado en la manada. La memoria de los lobos es recordatorio de lo que el animal humano sumerge: la pulsión que empuja hacia esa otra vida que la promesa esboza.



-VII-

La distancia es lo que empuja. La condición de toda promesa: como el trineo, no es sino en el desplazamiento.

La quietud es el entumecimiento –lo inerte del objeto.

No hay distancia sin la inquietud de estos pequeños animales que forman cuerpo. El trineo es lo que aproxima la promesa en su distancia. Lo que hace imaginable morar en otra parte. Como no se llega, la morada es el tránsito, allí donde no cabe el regreso, donde lo que falta tracciona hacia la distancia del porvenir.

La tracción de la falta empuja el trineo en plena oscuridad, apenas con una linterna, una manta, grasa corporal para recorrer esa distancia que aproxima a la manada que no niega la singularidad del sí mismo.

 -VIII-

Un trineo recuerda la imposibilidad de regreso. Ninguna naturaleza resguarda del devenir lobo, del devenir husky, del devenir humano. Contra esa regresión, devenir singular de lo animal. Aunque forme manada en el impulso hacia otra vida –aquella que no se deja enjaular; la que llama a ser en otra parte.

Un pequeño animal humano que se deja arrastrar por un animal de tiro en la estepa siberiana pende de ese llamado incierto. Ambos viven en la incerteza del otro lado. Enterrados en la nieve, no podrían recordar más que la dulzura del fuego.

Como los lobos, aúllan porque llaman a los suyos, porque los suyos son la promesa de algo más que la mera supervivencia. Encarnan la medida de otra vida -incluso si esa otra vida no está más que insinuada a distancia de la estepa que hay que atravesar para alcanzar un mínimo abrigo.
Lo salvaje está ahí: como un núcleo excesivo que la manada modula sin suprimir: punto incognoscible donde aprendemos a amar. En la estepa -lobos hambrientos de caricias.
 

 

-IX-

Lo salvaje que hay en esos pequeños animales es lo que resiste a la domesticación, al proceso de bestialización al que somete la disciplina de las varas, lo que escapa al rigor del invierno e invita a aventurarse en lo desconocido, aquello que corta el tiro y elude la carga.

La ligereza entonces: punto incognoscible donde el ser se arriesga amando. Aunque pueda hundirse. Morir de soledad. Extraviarse en la estepa siberiana. Desfallecer por una promesa. Perderse en lo Real.

-X-

Llamamos porque hay carencia. La memoria mítica de los lobos se teje con los retazos del lenguaje en el que somos. Y si hay lenguaje –cuerda que sostiene la inconsistencia de nuestro ser- es porque hay otros.

Si hay trineo hay otros -aunque falten.

Lo Real es el frío rabioso. El entumecimiento de las manos, la intemperancia del tiempo extremo, el dolor de lo que se fuga.

Lo Real también son los animales dulces que escuchan los llamados, aúllan de deseo, pulsan la noche invocando el fuego, recorren la superficie blanca siguiendo la huella de lo ausente -la estepa del corazón en busca de un abrigo:
la promesa de otra vida.

 
Arturo Borra
 
 
* Obras de Joseph Beuys
* Texto original publicado en "Sangrila", Nº 25.
 
 

viernes, 12 de agosto de 2016

«Poética de la imagen» -Stefano Bonazzí

 
 
 
The cementery of umbrellas
 
 

lunes, 18 de julio de 2016

"Bajo la sal seguimos" -cuatro poemas de Yanko González



mossi, entiende

a modou kara faye
a. méndez rubio & e. falcón


El lenguaje es un virus que viene del espacio
El lenguaje es un virus que viene de tu hambre
El lenguaje es un virus que viene del cobarde.

El lenguaje es un virus que viene de tu pena
El lenguaje es un virus que viene del calostro
El lenguaje es un virus que viene de la cendra

El lenguaje es un virus que viene del que ama
El lenguaje es un virus que viene de la flema
El lenguaje es un virus que viene de tu serna.

El lenguaje es un virus que viene de la tráquea
El lenguaje es un virus que viene de la fiebre
El lenguaje es un virus que viene de la tea

El lenguaje es un virus que viene de la lágrima
El lenguaje es un virus que viene de tu bilis
El lenguaje es un virus que viene de la urea.

El lenguaje es un virus que viene de los nervios
El lenguaje es un virus que viene de la ataxia
El lenguaje es un virus que viene de la muerte.

El lenguaje es un virus que viene de tu muerte
El lenguaje es un virus que viene de tu cáncer
El lenguaje es un virus que viene de tu frío.

El lenguaje viene que es un virus del que calla.



que no quiere
         

          “Que
           no
           quiere
           morir
           como
           un
           perro
           nadie
           quiere
           morir
           como
           un
           perro
           todo
           ser humano
           merece
           no
           morir
           como
           un
           perro
           ha
           vivido
           como
           cerdo
           y
           no
           quiere
           morir
           como
           un
           perro”.

Son pesados*

Se desbandan. Meten la toalla en el escusado/ Excusados/ pero orinan el camastro/ y con el muro acarician la loza/ y claudia viene a ofrecerle un algo y regurguitan/ gritan: hoy es 1 de milnuevenoventa/ y se tiran los elefantes de porcelana blancos/ con la trompa arriba/ para la fortuna de invitarlos/ a mascar los masapanes/ porque han improvisado un blanco/ donde descargan el calor y encienden/ aquella hoguera con almohadas/ y de las fundas/ brotan mikimaus odiados/ Por suerte no tengo nada de Pene de Gatos/ "Pero Nosotros Cantamos"/ [hace siete horas que repiten eso]/ el humo vuelve azul el retrato de mi madre/ cuyo pelo hace círculos desprendiendo mermelada/ han enrrollado lirios con una sábana/ pero han dudado en prenderlo Claudia/ reparte algunos tabacos para calmar el ansia/ PLACEBO/ uno pone la punta [que por azar resistió el bordado] y la casa emana una z/ cierro algunas piezas/ han encontrado el refrigerador

 y quieren-que-traiga-la-cámara.

_________________

*A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie,
en el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta (R. Juarroz).



Bajo la sal

Estamos dos señales bajo la sal. Tomo de a dos tus manos
y corrijo sus goznes. Qué decirte que no emane de lo que dejé en tu seno.
Estamos a raíz bajo la sal/ sin esa posibilidad de eternos
trescientos treinta y seis minutos de mi tarde. Había varios de nosotros
bajo la sal pero sólo dos tenían pan
pero amarradas bocas para el choque. Leíamos a Uribe, un dandy
te decía para lamer los párpados, ajar nuestros costados.
Dónde quedó esa suspensión del pulmón
al retener el aire. Es que estamos
a más a varias a muchas señales bajo la sal.
Faltaba tu deseo. Hay marcas hay muchas marcas bajo la sal.
Espeso el labio ahora cruza tu mejilla y te pliegas/ lienza que ato a mi revés.
Bajo la sal seguimos. No tengo la temperatura
que hizo amoldar tu cuello/ tu grosor de ojo. No es Armando/ es tu mordaza/ lo que las
palabras escribieron: bajo la sal/ en villa/ sin soldada.
Me queda fijar el iris sobre la ropa muerta/ Sobre tu estela tenue.
Sobre ella hay otro iris.
Bajo ése
está la sal,

amor.

Yanko González







Más sobre el autor aquí.



Yanko González Rotterdam 2015 from CinemaSur Filmoteca on Vimeo.

lunes, 6 de junio de 2016

"Aparcados en la frontera" -dos poemas de Ana Becciu



La noche va siendo cosa…

La noche va siendo cosa

de aflojados breteles.

La noche va siendo cosa de afligidos breteles,

está delabrada.

Pobre noche sin aquella alba.

La tuviste. La guardaste. La cobijaste.

Y ahora, pensá un poco.

Los breteles:

nos cuelgan a vos.

Pechitos colgados de vos.

Amores redondos en los libros como pechos.

Ellos están allá.

Entre ellos.

Luchan por nosotros.

Por nosotros acá.

Acá es la zona extracomunitaria,

eso dicen.

Hagamos de cuenta que tienen razón.

¿Y de todos nosotros qué?

Porque nosotros eurocomunitarios un cazzo.

Aparcados en la frontera.

Olvidados.

Ajenados.

Ahí está la cosa.

La eurocomunitaria cosa:

ajenarnos.

Yo

y ella y ella y ella.

Mamá es ella

para siempre.

Mamá es extracomunitaria.

Extraeuropa.

La dama bien penada

se toca un pezón peinado.

Se lo tocan. Se lo tocan.

Nosotros. Nuestros pezones

arrugaditos.

La muerte, mamá,

vos no sos europea.

 


El país…

El país. Esa cosa.

Ese acoso.

¿Lo ves venir?

Las cosas que hace para distraerse,

yo.

Las cosas que hace.

Ni su mamá.

No, claro. Ni su mamá.

Porque ahí está la cosa.

La cosa. Mamá. Qué difícil escribirte.

Siempre voy tropezando.

Vamos tropezando.

Vos también, mamá, vos también

tropezás.

Con la cosa, mamá, con la cosa.

Vos también, mamá, tropezás

con mamá.

El escondimiento de todo ese dolor.

El escondimiento de nosotros.

El dolor es nosotros.

Escondidos. Como un dolor.

Vamos. Hagamos como que.

Nos queremos. Dolorcitos.

Dolorcitos ellos que se quieren.

Dolorcitos nosotros.

No nos quieren.

Al dolor nadie lo quiere.

Por eso se atraganta.

Puto. Porque es puto no lo

quieren, por puto.

puto en mi garganta.

Puto dolor.


domingo, 15 de mayo de 2016

«la catástrofe nos comerá el silencio» -tres poemas de Luz Souto


 

Octubre 

A tus plantas

insurgentes

sangran las lenguas.

Al final, el río 

te llevó. 

Delirio de llagas

te volviste transparente,

 y la condensación 

del espanto

se te cayó por capas.

La profecía se quedó

en puro hueso

acumulada

en las caderas de los aparecidos.

Insostenible

construir

en esta dulzura 

de ataúdes sin fuelles

donde arde la intemperie.

Desnudo la sangre

del tropel de muertos,

los nado.

La punzada en la boca 

me devora la historia. 

 

 

 

III

Estos versos no detienen la tragedia

aunque digan “paz” “pacto” “futuro”.

Aunque la multitud tenga orgasmos con

el vocablo “humanitario”, 

seguirás muriendo.

Una y otra vez te asesinarán

y hurgarán en tus muslos. 

La policía te acribillará

como un animal sin pasado.

El océano te encharcará la sangre. 

Aunque siga escribiendo

sobre tu memoria

la catástrofe nos comerá el silencio. 

 

IV


Necesito 

dejar de oler 

la tierra agrietada.

Cada madrugada

el suelo emana

diez muertos nuevos

debajo de mi cama. 

Los escucho agonizar,

cantar,

y hablar de revolución. 

Estoy cansada

de ponerles nombres 

para poder vivir.



Texto: Luz Souto
Fotografías: Elena Shumilova

martes, 19 de abril de 2016

«lo que bajo los escombros aún respira» -poemas de Alfredo Saldaña



Trampantojo

¿Qué advierte el vigilante
más allá de lo que muestra el paisaje?

¿Qué guarda quien protege
el emblema que da nombre
a los desaparecidos?

Velar por lo arrancado,
picar para ver
lo que bajo los escombros
aún respira.

Agrietar. Punzar. Taladrar.

Agujerear hasta dar
un mal paso y encontrarse
en el corazón del aire
con la raíz del sentido.

¿Qué golpe de luz,
qué destello en la noche
hará blanco en la belleza?

¿Qué realidad oculta la mirada
que en rigor no sea un trampantojo?


La vida en la frontera

La vida allí no vale nada,
es entrega y promesa de plenitud,
el lugar donde se abre
la herida de la posibilidad,
donde el territorio
que una mirada alcanza
indica la extensión
de un espacio inexplorado,
no inconquistable,
el resquicio por el que se intuye
que hay una oportunidad
más allá de este mundo.

Allí la vida no vale nada:
lo que se da y se pierde
es todo cuanto nos pertenece.


Anónimo

si acorralado, alejado, bárbaro, cautivo, confinado, deportado, deshauciado, desalojado, desplazado, desterrado, esclavo, excluido, exiliado, expatriado, expulsado, extraño, forajido, forastero, fuera de la ley, fugitivo, hostigado, ilegal, impío, inmigrante, olvidado, outsider, perseguido, perroflauta, postergado, proscrito, refugiado, relegado, salvaje, sin papeles, sitiado, vejado, wet back…

que mi patria sea esa otra que tiene por nombre extranjería


Cueva

Bajo la superficie
hay una mano abierta
que escucha
lo que unos ojos trazan
en silencio
sobre las estrías del tiempo.

Allí eres lo visible

entrando en lo invisible.


Alfredo Saldaña, de Malpaís.